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22 Marzo del 2018 a las 10:20 am

Martín Vizcarra, el hombre que no renunció

Un colaborador y amigo de Martín Vizcarra, moqueguano fanático de su tierra como él, me contó esta anécdota del trío inamistoso que ganó en el 2016: “Meche Araoz estaba segura de que iba a ser la primera vicepresidenta, pero PPK, delante de Martín, le explicó que iba a ser la segunda. Meche se puso de todos los colores y se llevó a PPK a un lado. Ahí, él la tranquilizó y le explicó que Martín tenía buena imagen regional, que tuvo éxito en Moquegua, que era mejor así. Regresaron y Meche dijo: ‘Está bien, tú vas a ser el primer vicepresidente pero yo voy a ser la número 1 en la lista del Congreso’. Martín dijo que para él no había problema en eso, y que además él no iba a postular al Congreso. Extrañados, Meche y PPK le preguntaron por qué no quería postular. Martín dijo que no servía para estar sentado, que se aburriría, que quería hacer cosas y, remató, ‘¿además, vamos a ganar, ¿no?’”.

El inminente presidente es un 1,80 m de certezas y algunas caras indecisiones. Las primeras lo llevaron a ser gobernador de su pequeña región. Las segundas a una renuncia y a una accidentada vuelta estelar. Primero candidateó a gobernador con el Apra en el 2006 y por poco gana. Su padre, don César Vizcarra Vargas, fue el líder histórico aprista en la región. Fue miembro de la Asamblea Constituyente en 1978 y bregó para introducir el concepto del ‘canon minero’, que está a la base del ‘boom’ moqueguano.

En el 2010, Martín volvió a la carga con el movimiento Integración Regional por Ti. Ahora sí, tenía todas las de ganar, porque siendo decano del Colegio de Ingenieros local ayudó a inflamar y luego resolver el ‘moqueguazo’, el lío que se armó en el 2008 cuando sus paisanos repararon en que el canon se distribuía inequitativamente hacia su región. Lo entrevisté cuando era jefe de la campaña ppkausa en el 2016 y me dijo: “El ‘moqueguazo’ se generó por unas declaraciones que yo hice [...] En todos los conflictos hubo muertos, en Moquegua no hubo”.

Ya en el poder regional, saltó a las portadas nacionales cuando fue ponchado como un gobernador de excepción: apostó parte del excedente de su región minera a la educación y levantó sus indicadores muy por encima de los promedios peruanos. Para ello, tuvo estrecha relación con el presidente Humala, quien lo invitó a ser primer ministro, pero él prefirió cumplir su mandato de gobernador. Sobre ese período, me contó: “Humala me dijo, ‘ya Conga no va, haz todo el esfuerzo para que salga Quellaveco’”. Y logró una negociación virtuosa con mineros y con el Estado. “Yo tenía una solución. Quellaveco va a generar S/1.000 millones de renta anual. Le dije [a Humala] que me los diera como adelanto [...]. Nuestro plan de gobierno [de PPK] establece el concepto de ‘adelanto social’”.

—Adiós, Moquegua—

La ironía del ppkausismo quiso, ya en el poder y al mando del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), que Vizcarra se involucrara en un adelanto no muy social, más bien controversial: el ofrecido en adenda al contrato del proyecto del aeropuerto de Chinchero para apurar su cierre financiero a costa íntegra del Estado. Primero, defendió la idea con vehemencia en medio de las revelaciones de Lava Jato que mostraban las adendas como recurso habitual de la corrupción; luego empezó a dudar, hasta que renunció de una forma tal que se interpretó su gesto como una forma de conjurar su censura en manos de la oposición a la vez que una discrepancia con la insistencia de PPK en el proyecto. Quienes lo entrevistábamos por aquel entonces fuimos testigos de sus dilemas. 

Sin embargo, fueron esas indecisiones previas y la decisión final de apartarse progresivamente del régimen las que le dan hoy el aura de reserva política de la nación, capaz de ganarse la confianza de los fujimoristas (contó que fue tentado por Keiko a candidatear al Congreso en el 2015, antes de ser fichado por PPK), de APP (el vacador César Villanueva es su amigo y ex colega gobernador) y de la izquierda que lo ve en la centroderecha conversable.

Cuentan ex oficialistas que resintieron su renuncia en mayo del 2017, que cuando fue tentado por PPK para volver al Ejecutivo como primer ministro en setiembre, planteó varios cambios ministeriales que no le fueron aceptados. Al parecer, fue una suerte de ardid para mantener su prudente distancia. Un amigo suyo me dijo que estando Fernando Zavala en la PCM, Martín dijo que había que ‘buscar ministros en las instituciones’. Zavala le pidió que se explicara y Vizcarra le dijo que se refería, por ejemplo, a colegios profesionales y gobiernos regionales. Ello nos da una pista del Gabinete que podrá armar ahora tendiendo puentes con los vacadores.

El inminente presidente tiene una maestra moqueguana como esposa, Maribel Díaz Cabello, y cuatro hijos, Diana, Daniela, Diamela y Martino. Diana, la mayor, lo ha hecho abuelo chocho no hace mucho. Si su padre aprista tuvo relación con su interés tardío pero triunfal en la política; su madre, Doris Cornejo, maestra de escuela como la inminente primera dama Maribel, lo debe llevar a apostar nuevamente por el capital social de la educación. Los megaproyectos que legó al controvertido Bruno Giuffra tendrán –me dicen quienes lo quieren– un trato cuidadoso. Todo merecerá sumo cuidado para Martín Vizcarra.

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